Mejor hacerlo juntos: por qué coordinarse no es una formalidad

8 MIN LECTURA | ACTUALIZADO: Sep 2026

Dos profesionales revisando juntos el caso de un paciente

Artículo dirigido a médicos y profesionales de salud.

Cuando un paciente queda en tratamiento dividido —fármaco por un lado, psicoterapia por otro— lo más común es que ambos profesionales trabajen en paralelo y nunca conversen entre sí. No por mala voluntad: por agenda. Un estudio con terapeutas privados encontró que en el 22% de los casos de tratamiento dividido no hubo ninguna comunicación entre psicoterapeuta y médico prescriptor, y que solo 7 de 53 terapeutas encuestados mantenían contacto trimestral regular con el prescriptor de todos sus pacientes (Avena & Kalman, 2010). Este artículo es para los colegas que, a pesar de eso, se dan el tiempo.

Lo que pasa cuando sí hay comunicación

La evidencia sobre esto es más consistente de lo que solemos suponer, y apunta en la misma dirección: coordinarse no es un extra opcional — cambia el curso del tratamiento.

Éxito de la derivación
El factor que más predice que un médico evalúe una derivación como exitosa es que el psicoterapeuta inicie contacto posterior con él — más que la cantidad de visitas previas o el conocimiento del médico sobre psicoterapia (Rosenthal, et al., 1991).
Integración clínica
Cuando el especialista se comunica directamente con el médico general —en vez del canal indirecto habitual— el médico integra aspectos psicosociales en su atención casi el doble de veces (de Crüppé et al., 2005).
Respuesta al tratamiento
La calidad de la relación entre el médico y el paciente predice de forma significativa los resultados del tratamiento farmacológico — no es un dato menor cuando ese vínculo se sostiene también por buena coordinación (Wienke Totura et al., 2017).

En resumen

  • No es cortesía, es clínica: la comunicación entre profesionales se asocia a mejor adherencia, mejor respuesta y mayor remisión de síntomas en modelos de atención coordinada (Thota et al., 2012).
  • El factor activo es simple: no es la estructura institucional ni la cercanía física entre profesionales — es que alguien tome la iniciativa de escribir o llamar después de la derivación.
  • Es la excepción, no la norma: la mayoría de los tratamientos ocurren sin este contacto — lo que hace que hacerlo bien sea, en sí mismo, una señal de calidad clínica.

Por qué no es una formalidad

Es fácil ver el reporte de avance o el correo de coordinación como un trámite — algo que se hace si sobra tiempo, no algo clínicamente necesario. La evidencia sugiere lo contrario. Un psicoanalista que ha escrito sobre este tema describe la derivación de un paciente en psicoterapia hacia un médico prescriptor (o viceversa) como el paso de una díada a una tríada terapéutica: no una interrupción del tratamiento ni una competencia entre profesiones, sino la posibilidad de un espacio terapéutico más amplio y más profundo, siempre que ambos profesionales tengan conciencia del trabajo compartido (Bar-haim, 2018). Dicho de otro modo: el paciente no vive su tratamiento en compartimentos separados aunque nosotros sí lo organicemos así en nuestras agendas.

Un ejemplo cercano: el insomnio

El insomnio es un buen caso para hacer esto concreto, porque lo trabajo a diario. Las guías clínicas —incluidas las del American College of Physicians— llevan más de una década recomendando la TCC-i como tratamiento de primera línea para el insomnio crónico, por delante de los hipnóticos (Koffel et al., 2018). Y sin embargo, la mayoría de los pacientes con insomnio en atención primaria sigue saliendo de la consulta con una receta, no con una derivación a terapia — no por falta de evidencia, sino porque muchos médicos generales no tienen claras las vías de derivación a medicina conductual del sueño ni qué esperar del proceso (Haycock et al., 2020).

Un ensayo clínico aleatorizado mostró qué pasa cuando ese vacío se cierra. En un centro de atención primaria, pacientes con problemas de sueño fueron asignados a una consulta única con un especialista en sueño —que entregó una devolución clínica directa al médico tratante— o a su atención habitual. En el grupo con devolución, los médicos derivaron a polisomnografía en el 49% de los casos (versus 6% en el grupo control) y a salud mental en el 19% (versus 6%). A los 10 meses, esos pacientes mostraban una reducción adicional de 17 minutos en el tiempo despierto durante la noche y un aumento de 3.7 puntos en eficiencia de sueño, comparados con quienes recibieron solo atención habitual (Edinger et al., 2015).

Nótese lo que cambió: no el tratamiento en sí, sino que alguien le devolvió al médico tratante información clínica concreta después de la evaluación. Es, en miniatura, el argumento completo de este artículo. Con insomnio en particular, ese intercambio suele tener una pregunta muy concreta detrás — ¿es momento de empezar a bajar la dosis del hipnótico? — que se responde mejor entre dos personas que conversan que entre dos que solo comparten un mismo paciente.

¿Y si de verdad no tengo tiempo para esto?

Es la objeción más honesta, y también la más frecuente. Vale la pena releer el dato de Rosenthal: lo que predijo el éxito de la derivación no fue la cantidad de contactos ni de visitas previas — fue que hubiera uno. Un mensaje iniciado por el psicoterapeuta, después de la derivación, es suficiente para cambiar cómo el médico evalúa todo el proceso. Esto no pide una reunión clínica ni un informe extenso: una nota breve, cuando el caso lo amerita, cumple la función. La barrera real casi nunca es el tiempo que toma escribirla, sino no tener instalado el hábito de hacerlo.

Cómo trabajo yo con esto

Lo que puede esperar de mí

  • Cuando el médico tratante está disponible para ello, envío reportes de avance del paciente — no un caso que desaparece de su vista una vez derivado.
  • Aviso cuando el paciente atraviesa una fase esperable de mayor malestar dentro de un tratamiento conductual bien formulado — para que no se lea como fracaso del tratamiento ni del paciente.
  • Comparto perspectivas en torno a los avances y pido puntos de vista respecto de las áreas donde la respuesta psicoterapéutica no está siendo la esperada.
  • Mi intención es trabajar en coordinación con psiquiatras, neurólogos y médicos generales, no en paralelo a ellos.

Conclusión

Coordinarse con el otro profesional que atiende al mismo paciente no es un gesto de cortesía adicional a la buena práctica clínica — es, según la evidencia disponible, parte del ejercicio ético de la profesión. A quienes ya se dan ese tiempo pese a la falta de tiempo: gracias. Este artículo es, en parte, un reconocimiento a ese esfuerzo, y una invitación a seguir haciéndolo juntos, en favor del alivio del sufrimiento de nuestros pacientes.

Cristóbal Carrasco
Cristóbal Carrasco
Psicólogo Clínico. MSc. Neurociencia Social. Especialista en insomnio, ansiedad y estrés.
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